El planeta enfrenta una “bancarrota hídrica” de gran magnitud, consecuencia de décadas de uso excesivo del agua y del deterioro acelerado de lagos, ríos, glaciares y humedales, advirtieron investigadores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
De acuerdo con un informe reciente, casi tres cuartas partes de la población mundial habitan en países clasificados con “inseguridad hídrica” o “inseguridad hídrica crítica”, mientras que alrededor de cuatro mil millones de personas padecen escasez grave de agua al menos un mes al año.
El autor principal del estudio, Kaveh Madani, señaló que numerosas regiones del mundo están consumiendo más agua de la que sus sistemas naturales pueden reponer.
“Muchas regiones viven por encima de sus posibilidades hidrológicas, y varios sistemas hídricos clave ya están en quiebra”, afirmó. Añadió que reconocer esta crisis es indispensable para tomar decisiones difíciles que permitan proteger a las personas, las economías y los ecosistemas.
El informe revela que más de 170 millones de hectáreas de tierras agrícolas de riego enfrentan niveles de estrés hídrico altos o muy altos, mientras que los daños económicos derivados de la degradación del suelo, el agotamiento de aguas subterráneas y los efectos del cambio climático superan los 300 mil millones de dólares anuales a nivel global.
Además, cerca de tres mil millones de personas y más de la mitad de la producción mundial de alimentos se concentran en regiones donde el almacenamiento de agua es inestable o se encuentra en declive. A esto se suma la salinización, que ya ha degradado más de 100 millones de hectáreas de tierras agrícolas, afectando la capacidad productiva del planeta.
Los investigadores concluyen que las estrategias actuales para enfrentar la crisis del agua resultan insuficientes. Subrayan que el objetivo ya no debe ser “volver a la normalidad”, sino impulsar una nueva agenda global del agua, enfocada en minimizar los daños, adaptarse a la escasez y gestionar el recurso de forma sostenible.